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    ¿Por qué "el Tenorio" en México?


    “El año de 1864 marca el comienzo de una tradición que cundió por todo el país, y que aún en nuestros días se sigue observando fielmente: El 1º de noviembre de 1863, siguiendo la costumbre española, se puso en el Teatro Iturbide el drama de José Zorrilla “Don Juan Tenorio”, por creer la empresa que su argumento de fantasmas y de voces de ultratumba se prestaba a la celebración del día de muertos […]”.

    -Luis Reyes de la Maza


    Zorrilla vivió en México durante los años de 1854 a 1866. Siendo amigo cercano del emperador Maximiliano, comienza desde 1864 a dirigir el Teatro Nacional, cuya apertura esta enmarcada por la presentación de su Don Juan Tenorio.


    Salvador Novo, en el prólogo de una edición de 1988, nos comparte las razones que él considera argumentativas, para entender la conexión de los mexicanos con esta tradicional puesta en escena; y es que las tradiciones mexicanas en el Día de los Difuntos, de visitar en panteones a los muertos y compartir los alimentos, acompañados de religiosidad y diversión, invitan a considerar bastante natural que el pueblo de México “… se solidarizara con un tipo tan capaz como ellos de […] hacer y aceptar convites gastronómicos en el panteón. Consonaba con una familiaridad frente a los <<descarnados>> que en los mexicanos proviene de hondas raíces prehispánicas; lo que proponía de <<machismo>> para batirse y de <<donjuanismo>> para seducir a cuantas se pudiere- y abandonarlas luego-, encajaba en el molde temperamental de un pueblo a cuya explosión demográfica contribuye gustosa su <<tenoricidad>> ejercida como la procreación sin el lastre del matrimonio y sus incómodas cargas, sobre cuantas Ineses, Anas, Chenchas o Juanas sucumban a la sabia <<labia>> de los <<caritas>> del barrio.”


    Sin embargo, menciona que las <<clases altas>> encontrarían en la puesta, otras razones de aprecio, como la musical y fluida versificación y la oportunidad de quien la montaba, de poner a prueba la grandilocuencia de las escenas, con toda probabilidad, interrumpidas por aplausos.




    “Desde su intermitente difusión popular en el siglo XIX, la obra de Zorrilla operó para el pueblo de México como un pródigo banco emisor de la morralla de dichos, refranes y sentencias aplicables a las numerosas situaciones en que encajaban. Sus fáciles versos se incorporaron así perdurablemente al habla popular de nuestro país.”

    Para 1866, Zorrilla regresa a España, comisionado por el gobierno mexicano, pero los sucesos posteriores como la revolución de Juárez y el fusilamiento del emperador Maximiliano, impidieron su regreso al país americano.


    Desde entonces hasta ahora, el Don Juan de Zorrilla es considerado una tradición teatral y cultural, por sobre las versiones anteriores al símbolo “donjuanesco” de los autores precedentes. Con adaptaciones, recortes y versiones diversas, para Ágora Compañía Teatral, supone no solo la continuidad de una tradición, sino el rescate del teatro clásico, del teatro en sí mismo, del respeto por la pluma de un autor que logró permear en nuestra sociedad con tan reconocida obra teatral.

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